TUS PÁGINAS

sábado, 15 de diciembre de 2012

¡IMAGINA!


Imagínate que un día de estos sales de una comida o cena de Navidad con un grupo numeroso de compañeros de trabajo. Frente a la puerta del restaurante, en doble fila, hay aparcado un flamante Ferrari con la puerta abierta y las llaves puestas. De su interior sale música y todas las luces están encendidas.

Todos han notado su presencia. Algunos se quedan mirando desde donde están, los más se acercan a curiosear, pero manteniendo la distancia. Otros, seguramente los más jóvenes, se aventuran a aproximarse, a hacerse una foto y retirarse rápidamente.

La mayoría están agrupados en torno al deportivo. Ninguno ha podido evitar que por su cerebro pase alguno de los pensamientos del tipo de los que transcribo a continuación:

¡Qué pedazo de coche!
¡Debe tener mucha pasta!
¡Seguro que no es dinero limpio!
¡Qué chulo el tío, aparca en doble fila, interrumpe el tráfico y va fantasmeando!
¿Dónde estará el dueño? Apuesto a que va con una piba del 15.
O cualquier otra cosa que podáis imaginar....

A todo esto se acerca por la acera una chavala, escuchando música con los cascos y tecleando en su smartphone. Se siente atraída por el tumulto y se acerca a curiosear. Sin complejos, se abre paso entre la gente. Desinhibida, se acerca al coche, lo rodea observándolo, se atreve a tocarlo, escudriña en su interior, se agacha y lee una nota que hay en la ventanilla del conductor. Rápidamente se sube, cierra la puerta, lo arranca y se aleja.

¿QUÉ DECÍA LA NOTA? RESPUESTA