viernes, 8 de mayo de 2020

EL NEGOCIO PERFECTO

¿De qué se queja un empresario con un negocio tradicional?

Gastos local: alquiler, mobiliario y decoración, almacén, seguros, limpieza, telecomunicaciones, energía, seguridad, alarma, agua, mantenimiento, reparaciones, impuestos, tasas basura, administración...

Gastos vehículos: compra, leasing, alquiler, mantenimiento, seguros, reparaciones, recambios, impuestos, multas, parking, garaje, sustituciones...

Gastos y gestión del personal: sueldos, cotizaciones a la seguridad social, bajas, vacaciones, conflictos, prevención de riesgos laborales, mutua, hurtos...

Clientes: trato, fidelización, competencia, cobros de morosos, comercio electrónico, devoluciones, canales de distribución, picaresca, hurtos...

Gestión administrativa: fiscal, laboral, legal, financiera, sanitaria, selección de proveedores, pedidos, plazos de entrega, retrasos, pérdidas, seguros, stock...

Falta de tiempo libre propio y para dedicar a la familia: horario, calendario, vacaciones, enfermedades...

Desconocimiento nuevas tecnologías: utilidad, costes, personal especializado...

Marketing: gastos, efectividad, rentabilidad, competencia, nuevos canales...

Incertidumbre de cara al futuro: ciclos económicos, preferencias de los consumidores, presión fiscal en aumento, tendencias, modas, obsolescencia, relevo generacional, conflictos familiares, universo online, probabilidad de subsistencia, potencial de crecimiento...

Escasez de recursos para invertir: endeudamiento, avales...

¿Merece la pena seguir?

Por no hablar de lo más importante, los problemas de salud: estrés, dolencias, lesiones, problemas psicológicos y psiquiátricos y su efecto sobre las relaciones sociales, familiares...

¿Todo esto para qué?

¿Dónde ha quedado la calidad de vida, el afán de prosperidad, el poder dejar un legado a los hijos, la salud y la felicidad?




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