TUS PÁGINAS

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domingo, 11 de marzo de 2012

STEVE JOBS

NO DEJES QUE NADIE DESTRUYA TUS SUEÑOS


SUEÑO SIN PLAN DE ACCIÓN = ILUSIÓN
SUEÑO CON PLAN DE ACCIÓN = OBJETIVO O META DEFINIDOS

martes, 6 de marzo de 2012

3 PILARES

¡Cuando yo era pequeño (I)!

… Recuerdo haber escuchado y visto en blanco y negro, en la que probablemente fuera la única emisora que existía en aquel entonces, una canción muy pegadiza de la época que decía así:

“Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor…“

Es curioso pero aunque hace décadas que no he vuelto a escucharla, todavía recuerdo la melodía. Un momento, voy a buscarla en Internet… Aquí está:




¡Vaya resulta que es de los STOP y la chica que la canta se llama Cristina, pues no tenía ni idea! Como veis, la puesta en escena es una pasada, igualito que ahora.

Bueno, el caso es que sin saber muy bien por qué, de vez en cuando me vuelve a la cabeza y me sorprendo a mí mismo tarareándola y diciéndome: ¡Qué razón tenían! La perspectiva de la edad te permite poner en valor el significado de algunas manifestaciones o expresiones, que en su día te limitaste a escuchar y en todo caso a repetir, sin llegar a tener conciencia de su validez. El mundo ha cambiado muchísimo en estos últimos 40 años, aunque supongo que eso lo hayan pensado todas y cada una de las generaciones que nos han precedido, pero no deja de llamar la atención que determinadas ideas, valores, preceptos, o como queramos catalogarlos permanezcan inmutables sin perder un ápice de su validez con el transcurso del tiempo, al contrario no hacen sino revalidar lo que debe de ser algo consustancial a la naturaleza humana, y por tanto permanentemente asociado a ella.

Una de las cuestiones que habitualmente me planteo es la de si el orden en que se mencionan estos tres elementos, me parece correcto o no, e incluso si es imprescindible establecer esa relación de orden entre ellos. Hoy que me encuentro algo más reflexivo de lo que es habitual, voy a tratar de extraer algunas conclusiones. Ninguno de ellos por sí solo te conduce a un estado de satisfacción, vamos, que te falta algo. Es más, me pregunto si se puede conseguir alguno de ellos por separado sin la necesaria participación de los otros dos. Quizás puntualmente puede que sí, pero la vida es una sucesión de sucesos que suceden sucesivamente y esto nos fuerza a una situación de compromiso al modo de una trenza de tres hilos o a una asociación similar a las cuatro bases nitrogenadas que acaban constituyendo el ADN de todo ser vivo. ¿Tiene sentido uno sin los otros? ¿Puede determinarse el poder aislado de cada uno de ellos independientemente de los demás o están condenados a relacionarse en un cierto orden más o menos variable o aleatorio que produzca unas determinadas consecuencias?

Pues algo así debe de ser el caso que nos ocupa, de modo que podemos concluir que la vida es, ni más ni menos, que una mezcla de salud, dinero y amor, o al menos su búsqueda para alcanzar el anhelado bienestar, y en función de en qué dosis y orden se vayan asociando en cada momento esos tres elementos, pues así nos irá, y como la vida sigue, pues ya vendrán tiempos mejores y si son muy buenos:
¡PRECAUCIÓN!, que todo se puede torcer y cuando empieza a hacerlo parece que no acaba, y si no que se lo digan a Murphy.

Pero todo pasa y de lo que se trata en definitiva es de sobrevivir y de intentar diseñar unos ciclos que nos permitan pasar el mayor tiempo posible sobre crestas prolongadas y reducir al mínimo la permanencia en los indeseables valles.

¡La pelota está en nuestro campo! ¡Manos a la obra! ¡A surfear!

viernes, 2 de marzo de 2012

CRECIMIENTO SILENCIOSO

¡ BAMBÚ JAPONÉS!


"No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas:
¡Crece, maldita seas!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes:
Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas la planta de bambú crece más de 30 metros.
¿Tardó sólo seis semanas en crecer?
No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.
Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos, que todos tenemos, recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que -en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no " ver " el resultado que esperamos, sí esta sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.
Tiempo...
Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos...
Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi... nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué...
Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés...
¿ Para qué ?
Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes... quizá solo estés echando raíces....", AUTOR DESCONOCIDO.