viernes, 15 de marzo de 2019

DECISIONES EMOCIONALES VS. RACIONALES

Muchas personas quieren asociar su vida profesional a su vida emocional. Hacer, o dedicarse a lo que les gusta. Y en la mayoría de los casos. lo que sucede es que con frecuencia están atascados, no avanzan e incluso en algunas ocasiones no llegan ni a arrancar.

Es más, en su círculo cercano, por eso es su círculo, hay otras muchas personas con los mismos gustos, y por lo tanto, con los mismos intereses. Es un círculo cerrado y reducido, donde todos quieren sacar partido de la misma situación, y en consecuencia, la competencia se vuelve feroz y los resultados positivos se hacen esperar o no llegan nunca.

En un artículo anterior reflexionaba sobre la conveniencia de no confundir vocación con financiación. Son cosas bien distintas. Si se pueden asociar con facilidad no hay ningún problema, pero si se detectan incompatibilidades, es recomendable optar cuanto antes a una separación, que sea otra fuente de financiación la que dé sustento a la vocación.

La tradición oral de los indios Dakota, transmitida de generación en generación, dice que: “Cuando descubres que estas montando un caballo muerto, la mejor estrategia es desmontar”.

Con mucha frecuencia el camino correcto no es el más directo.


Por otro lado están las personas más racionales, que también tienen emociones, cómo no, pero son más pragmáticas, controlan mejor esta situación y saben poner cada cosa en su lugar correspondiente.

De manera que orientan su vida profesional allá donde saben que existe una buena oportunidad, en entornos que pueden satisfacer con más facilidad sus necesidades financieras, siendo conscientes de que a continuación podrán destinar esos recursos a cubrir una necesidad emocional insatisfecha que puedan tener, o a cualquier otro fin.

Esto lo hacemos todos en muchos ámbitos de nuestra vida diaria, sin embargo nos bloqueamos cuando se trata de nuestras aspiraciones profesionales. Nos pesa más nuestro pasado, el esfuerzo ya dedicado a nuestra formación, nuestro entorno... que el sentido común.

Hay necesidades, que independientemente del mayor o menor componente racional o emocional que puedan acumular, son básicas, de primera necesidad, y tienen que ser satisfechas, en una medida u otra, sí o sí.

Tienen además una característica esencial, y es que independientemente de su carácter emocional o racional, ya están siendo cubiertas, pues se están destinando una parte importante de los ingresos disponibles a su satisfacción.

Por tanto, no hay que crear una nueva necesidad de consumo adicional, que siempre supone algún tipo de rechazo por el desembolso que conlleva. La necesidad está creada, la asignación del gasto está decidida.

¿Y si además se pueden ofrecer soluciones sustitutivas a lo que ya se está disfrutando, a un precio considerablemente más económico, a cambio de las mismas o incluso mejores prestaciones? La oportunidad está servida.

Se trata sencillamente de ofrecer ayuda a las personas que quieran mejorar sus vidas.

¿Cómo?

Proporcionándoles un ahorro sustancial por el disfrute de la necesidad que ya están cubriendo, lo que les permitirá destinar esos recursos excedentes ya liberados a cubrir otras necesidades insatisfechas en la actualidad.

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