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viernes, 1 de febrero de 2019

MUY DE VEZ EN CUANDO...

...tienes la oportunidad de conocer personas que parecen salidas de otro planeta.

No porque tengan un aspecto diferente al tuyo, sino porque poseen una capacidad de superación, de sacrificio, una disciplina, una clara visión a largo plazo de los objetivos que pretenden conseguir, un robusto "por qué" quieren conseguirlo, una inquebrantable voluntad y una determinación que no existe la forma de detenerlos.

Si además están dotados de unas formidables aptitudes para la comunicación, aderezadas con una sencillez, naturalidad, nobleza y humildad difíciles de encontrar, si no de "extra", sí que podríamos calificarlos de "supraterrestres".

Compartiendo simplemente su experiencia vital, son capaces de contagiarnos de sus sueños, de vibrar con ellos cuando se enfrentan a la adversidad, de sentirnos vencedores con ellos cuando alcanzan sus metas y doloridos con sus contratiempos.

Parecen de otro planeta, pero están aquí, conviven con nosotros cada día, los tenemos al alcance de la mano y podemos aproximarnos a ellos para contagiarnos de su pasión por lo que hacen y adaptarla a nuestros propósitos.

Mi aportación de hoy va dirigida a colaborar con la posibilidad de, con su ejemplo y ayuda, poder convertir sus competencias en una epidemia. ¡Qué digo epidemia, mejor pandemia que nos alcance a todos!

¡Cuán diferentes serían las cosas si nos contagiáramos, aunque fuera en una mínima parte de su forma de enfrentar la vida!

¿Por qué no derivar muchos más esfuerzos, en todos los órdenes, a potenciar este tipo de actitudes en lugar de otras vanalidades, conformismos y enfrentamientos?



sábado, 29 de marzo de 2014

¡ESCUCHA! ¿QUÉ PUEDES PERDER?

Vivimos rodeados de estímulos de todo tipo. A la inmensa mayoría no les prestamos ni la menor atención, bien sea porque no nos interesan, o porque no tenemos educados los sentidos para su percepción. Sin embargo nuestra capacidad es enorme. Con demasiada frecuencia, estamos tan abstraídos en otras cosas, que ni siquiera una elevada intensidad de un determinado estímulo es suficiente para que tomemos conciencia de su presencia.


Creemos saberlo todo, y vivimos tan programados, que rechazamos automáticamente incluso las pruebas más lógicas y evidentes. Vamos demasiado rápido y no prestamos atención a los pequeños detalles. Pero son estos los que a la postre acaban resultando determinantes. Despacio y buena letra, nos reclamaban en el colegio. Tranquilidad y reflexión, nos exige el día a día. Tenemos mucho que ganar.