¿Qué es ser una mosca y qué es ser una abeja? ¿Qué es la flor y qué es la basura? ¿Cuántas veces, al cabo del día, te has comportado como una mosca o como una abeja?
¿Buscando respuestas? Le ayudo a mejorar su vida para disfrutar de más libertad y prosperidad. No pretendo adoctrinar, sino incitar a la reflexión y abrir la mente a nuevos paradigmas. Consulte las entradas cuando quiera porque su contenido permanece vigente. No olvide clicar en las fotos. Disfrute de la biblioteca gratuita de autoayuda, educación financiera, liderazgo, inversión y emprendimiento que le cambiará la vida. Garantizado. Felicidad, salud y bienestar. Oportunidad de negocio. Dinero.
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sábado, 20 de mayo de 2023
CORDIALIDAD Y EMPATÍA
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domingo, 21 de noviembre de 2021
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miércoles, 30 de enero de 2019
A PALABRAS NECIAS, OÍDOS SORDOS
Nuestro entorno más cercano se puede convertir en nuestro peor enemigo.
Nos puede volcar sus frustraciones, sus límites, sus miedos y temores.
O por el contrario, servirnos de revulsivo, modelo, impulso o motivación.
Ser consciente de la naturaleza de ese entorno y de la ductilidad y maleabilidad de las creencias que nos ha ido proporcionando, se convierte en una cuestión clave para poder afrontar con ciertas garantías de éxito una etapa de cambio.
No es fácil, pero sí posible e incluso recomendable.
Sentir, confiar en uno mismo, enfrentarse con valentía a las opiniones contrapuestas... y determinación. Ahí queda eso.
Y si hay que cambiar de entorno, pues se cambia y punto final.
Este vídeo te va a gustar. ¡ Seguro !:
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sábado, 5 de mayo de 2018
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viernes, 22 de septiembre de 2017
YO TENGO RAZÓN, TÚ ESTÁS EQUIVOCADO
No es posible saber lo que pasa por la mente de una persona. Incluso cuando se intenta provocar un determinado pensamiento como consecuencia de una acción deliberada. El receptor conserva la capacidad de ignorarla, dejarse llevar, o reaccionar de una manera previamente entrenada o conscientemente alterada.
En su libro: “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl, exprisionero y superviviente de los campos de concentración nazis, reflexionando sobre sus durísimas vivencias, analizando la conducta de sus compañeros de cautiverio y su propia experiencia personal, acabó concluyendo: “A un hombre se le puede despojar de todo menos de la última de las libertades humanas: elegir la propia actitud ante un conjunto dado de circunstancias”.
Quizás sea una de las frases más repetidas en este blog, y no es baladí. Nuestra memoria, por buena que sea, tiene sus carencias. Con frecuencia olvidamos conceptos que pueden ser esenciales para entender nuestro entorno, y de vez en cuando conviene recordarlos. Así podremos comprender mejor las actitudes ajenas, ejercitar un poco la compasión, y por qué no, utilizarlas sabiamente para ponernos en el lugar del otro, sentir empatía, y así acabar por mejorar nuestro ratio de consecución de objetivos.
Intentar agradar a todo el mundo es harto complicado. Lo que a uno le parece bien, al otro le molesta. Lo que a uno le resulta de vital importancia, al otro le es indiferente.
Hace algún tiempo conocí esta reflexión que ahora te comparto:
¿Todavía no estás convencid@? ¿Te olvidaste de hacer click en la foto? ¿Y ahora?
En su libro: “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl, exprisionero y superviviente de los campos de concentración nazis, reflexionando sobre sus durísimas vivencias, analizando la conducta de sus compañeros de cautiverio y su propia experiencia personal, acabó concluyendo: “A un hombre se le puede despojar de todo menos de la última de las libertades humanas: elegir la propia actitud ante un conjunto dado de circunstancias”.
Quizás sea una de las frases más repetidas en este blog, y no es baladí. Nuestra memoria, por buena que sea, tiene sus carencias. Con frecuencia olvidamos conceptos que pueden ser esenciales para entender nuestro entorno, y de vez en cuando conviene recordarlos. Así podremos comprender mejor las actitudes ajenas, ejercitar un poco la compasión, y por qué no, utilizarlas sabiamente para ponernos en el lugar del otro, sentir empatía, y así acabar por mejorar nuestro ratio de consecución de objetivos.
Intentar agradar a todo el mundo es harto complicado. Lo que a uno le parece bien, al otro le molesta. Lo que a uno le resulta de vital importancia, al otro le es indiferente.
Hace algún tiempo conocí esta reflexión que ahora te comparto:
¿Todavía no estás convencid@? ¿Te olvidaste de hacer click en la foto? ¿Y ahora?
¡Sé tú mism@!
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domingo, 4 de octubre de 2015
COMPRENSIÓN, COMPASIÓN Y PACIENCIA
Escucha, hijo: voy a decirte esto mientras duermes, una manecita metida bajo la mejilla y los rubios rizos pegados a tu frente humedecida.
He entrado solo a tu cuarto. Hace unos minutos, mientras leía mi diario en la biblioteca, sentí una hola de remordimiento que me ahogaba. Culpable, vine junto a tu cama.
Esto es lo que pensaba, hijo: me enojé contigo.
Te regañé porque no te limpiaste los zapatos. Te grité porque dejaste caer algo al suelo.
Durante el desayuno te regañé también. Volcaste las cosas. Tragaste la comida sin cuidado.
Pusiste los codos sobre la mesa. Untaste demasiado el pan con la mantequilla. Y cuando te ibas a jugar y yo salía a tomar el tren, te volviste y me saludaste con la mano y dijiste: “¡Adiós, papito!” y yo fruncí el entrecejo y te respondí: “¡Ten erguidos los hombros!”
Al caer la tarde todo empezó de nuevo. Al acercarme a casa te vi, de rodillas, jugando en la calle. Tenías agujeros en las medias. Te humillé ante tus amiguitos al hacerte marchar a casa delante de mí.
Las medias son caras, y si tuvieras que comprarlas tú, serías más cuidadoso. Pensar, hijo, que un padre diga eso.
¿Recuerdas, más tarde, cuando yo leía en la biblioteca y entraste tímidamente, con una mirada de perseguido? Cuando levanté la vista del diario, impaciente por la interrupción, vacilaste en la puerta.
“¿Qué quieres ahora?”, te dije bruscamente.
Nada respondiste, pero te lanzaste en tempestuosa carrera y me echaste los brazos al cuello y me besaste, y tus bracitos me apretaron con un cariño que Dios había hecho florecer en tu corazón y que ni aun el descuido ajeno puede agostar.
Y luego te fuiste a dormir, con breves pasitos ruidosos por la escalera.
Bien, hijo: poco después fue cuando se me cayó el diario de las manos y entró en mí un terrible temor. ¿Qué estaba haciendo de mí la costumbre?
La costumbre de encontrar defectos, de reprender; ésta era mi recompensa a ti por ser un niño. No era que yo no te amara; era que esperaba demasiado de ti. Y medía según la vara de mis años maduros.
Y hay tanto de bueno y de bello y de recto en tu carácter. Ese corazoncito tuyo es grande como el sol que nace entre las colinas.
Así lo demostraste con tu espontáneo impulso de correr a besarme esta noche. Nada más que eso importa esta noche, hijo. He llegado hasta tu camita en la oscuridad, y me he arrodillado, lleno de vergüenza.
Es una pobre explicación; sé que no comprenderías estas cosas si te las dijera cuando estás despierto.
Pero mañana seré un verdadero papito. Seré tu compañero, y sufriré cuando sufras, y reiré cuando rías. Me morderé la lengua cuando esté por pronunciar palabras impacientes. No haré más que decirme, como si fuera un ritual: “No es más que un niño, un niño pequeñito”.
Temo haberte imaginado hombre.
Pero al verte ahora, hijo, acurrucado, fatigado en tu camita, veo que eres un bebé todavía. Ayer estabas en los brazos de tu madre, con la cabeza en su hombro.
He pedido demasiado, demasiado…
W. Livingston Larned
Extraído del libro sugerido por nuestro RETO para la lectura de agosto "Como ganar amigos e influir sobre las personas" de Dale Carnegie.
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domingo, 28 de septiembre de 2014
LA CAÍDA DE LOS IMPERIOS
Hoy toca tratar un tema que me apasiona desde niño. Que yo recuerde, es la primera vez que abordo el asunto en este blog. Acabo de volver de Roma hace menos de un mes. He vuelto a visitar la porta ostiensis, me inpresionó el día que la descubrí. Por ella llegaban a Roma la mayor parte de sus riquezas procedentes del puerto de Ostia. ¡Merecía una foto!
Acabo de leer este artículo sobre la economía de una de las civilizaciones más fascinante de la Historia de la Humanidad. Y hoy también acaban las fiestas de mi pueblo que rememoran aquellos tiempos. A propósito, hay una página muy interesante en facebook: The Romans
La economía mundial en tiempos de Julio César
La economía global del siglo I, dominada por el Imperio Romano, tenía un sistema bancario, una moneda que se usaba tanto en Italia como en la Península Ibérica o Britania y un sistema legal unificado.
Los documentos históricos son escasos, pero un estudio del alemán Deutsche Bank calcula que Roma controlaba el 25% de la producción mundial y que su sombra imperial se extendía por gran parte del planeta. Según el estudio, sus principales rivales eran Parthia –aproximadamente lo que hoy es Irán– y los bárbaros de Alemania, que apenas generaban un 2% y 1% de la producción mundial, respectivamente.
Peter Temin, economista emérito de la Universidad de Massachusetts y autor de The Roman Market Economy (La economía de mercado romana), opina que la economía del imperio romano en el siglo I era similar a la del siglo XVII y XVIII, justo antes de la gran revolución industrial.
“Desde luego que la industria y agricultura eran mucho más rudimentarias que lo que tenemos hoy, pero había una economía de mercado y una distribución del ingreso tan desigual como la actual en Estados Unidos”, indicó a BBC Mundo. Y, según los expertos, el imperio era “la columna vertebral de esa economía”.
El imperio sin fin
En “La Eneida”, Virgilio caracteriza a Roma como el imperium sine fine. Y es que, hasta donde daban los conocimientos de la época, el imperio abarcaba prácticamente el mundo entero: casi toda Europa Occidental, el norte de África, partes de Medio Oriente. Más allá, la barbarie o lo desconocido.
Si se suman tanto los miembros plenos como los estados tributarios, el cálculo del Deutsche Bank –en un estudio que no incluyó a China, India y América- es que el Imperio Romano representaba el 70% de la economía global. Este imperium sine fine tenía entre 50 y 100 millones de habitantes y una red de carreteras tan avanzada que se siguió usando hasta el siglo XIX.
“El sistema bancario era mucho más rudimentario que el actual, pero servía para financiar el consumo y la producción. Los préstamos tenían tasas de interés y usaban colaterales para garantizarlos como, por ejemplo, la propiedad de los viñedos”, señaló a BBC Mundo Peter Temin.
Roma la esplendorosa
Durante mucho tiempo los historiadores caracterizaron a Roma como una economía que giraba en torno a una agricultura de subsistencia, con ínfima innovación tecnológica y un desarrollo que, para muchos, era un virtual estancamiento.
Sin embargo, según Willem M. Jongman, de la Universidad de Groningen, Holanda, y autor de The Economy and Society of Pompey (La economía y sociedad de Pompeya), el imperio fue una de las cimas del crecimiento pre-industrial.
“El problema era que los ingeniosos cálculos que hacían los historiadores del PIB de Roma se basaban en muy pocos documentos. Era el equivalente a reconstruir el PIB de Estados Unidos con los recibos del precio de una hamburguesa en Kentucky en los años 30, de un coche en Virginia en los 60 y del salario de un electricista en San Luis en los 70”, señaló a BBC Mundo.
Con los avances de la investigación arqueológica, los historiadores pudieron superar este obstáculo al poder reconstruir la sociedad de una manera mucho más precisa a partir del análisis exhaustivo de la tierra, las ciudades, las ruinas, los utensilios y adornos.
“Esta nueva metodología nos ha permitido ver que el imperio romano tuvo un gran aumento poblacional y que experimentó un fuerte incremento del consumo y la producción. Desde ya que no era una economía como la moderna que crece a un 1,5% anual y tiene grandes avances
tecnológicos, pero sí una economía que se expandió y permitió un mejoramiento sostenido del nivel de vida”, indicó Jongman a BBC Mundo.
Los hallazgos de osamenta animal y de criaderos de pesca han permitido constatar un aumento del consumo de carne y el pescado en una población en continuo aumento. La existencia de viñedos y la comercialización del vino por buena parte del imperio es otra muestra de una importante industrialización agrícola.
“Roma era una ciudad de un millón de habitantes. Hasta el siglo XIX Londres no llegó a tener este volumen de gente. Como puede ver cualquier turista hoy en día, no se trataba de una ciudad de chozas construidas en medio del barro. El nivel de edificación era tan sofisticado que no sólo asombró al Renacimiento sino que nos sigue enmudeciendo hoy. En esta ciudad tan sofisticada las necesidades de sus consumidores eran atendidas por este continuo excedente de la producción agrícola o vitivinícola o ganadera”, indicó Jongman.
La pax romana
La mayor parte del comercio se hacía en el interior de este vasto imperio dividido en provincias, como se llamaba a los territorios conquistados que poseían un altísimo nivel de autonomía. Pero a Roma llegaba arroz importado de India y seda de China.
El imperio usó más hierro y metales que todas las sociedades previas. En España, Galia, Bretaña y las provincias del Danubio se abasteció de oro, plata, cobre, carbón y bronce usados en la construcción edilicia y en la fabricación de armas, llaves, sellos y carros de combate.
“Había una pax romana. Roma proveía una seguridad que ninguna sociedad pre-industrial podía tener respecto al pillaje y la piratería. A cambio los países pagaban tributo. La conquista era cruel, pero una vez pasada esta etapa, los romanos mostraron un gran talento para el gobierno.
"Si Roma se beneficiaba, lo cierto es que también había progreso en las regiones que incorporaba como se veía en el aumento de la población, consumo y producción de esos territorios”, señala Jongman.
Una de las tres regiones en que estaba dividida la Península Ibérica, la Hispania Baetica –actual Andalucía– se convirtió en una gran exportadora de aceite de oliva: su mayor cliente fue la misma Roma.
Las ánforas halladas en Monte Testacio, Roma, son uno de los “documentos arqueológicos” del volumen de esta exportación: contenían unos 580 mil metros cúbicos de aceite. El cálculo es que solamente esa zona del Monte Testacio en Roma importaba más de 7 millones de litros anuales.
“El otro gran poder de la época, China, era un estado replegado sobre sí mismo. Es la gran diferencia con Roma, que era una potencia en permanente expansión. Por eso, en la medida en que se puede, si hablamos de la economía mundial del siglo I, estamos hablando del Imperio Romano”, destacó a BBC Mundo Peter Temin.
Marcelo Justo, msn dinero 26/09/2014
Situémonos:
Unos 700 años después de la fundación de la ciudad, Roma todavía no era un imperio, los cartagineses ya habían sido borrados del mapa 146 años atrás, y ya era muy poderosa. El 14 de marzo del 44 a.C. asesinaron a César. Se suceden unos años de turbulencias (bueno, toda su historia fue turbulenta), hasta que Augusto, el 27 a.C. se proclama emperador.
Unos 6 siglos después, los restos del imperio más sorprendente de la Historia, se desvanecen, corría el 565 d.C. (esto en Oriente, pues el de Occidente sólo aguantó hasta el 476 d. C.).
Todo está sujeto a ciclos más o menos regulares, casi nada permanece constante. Y ahora mucho menos. Hay que estar preparado.
¿Por qué utiliza el término "socialismo"?
Los documentos históricos son escasos, pero un estudio del alemán Deutsche Bank calcula que Roma controlaba el 25% de la producción mundial y que su sombra imperial se extendía por gran parte del planeta. Según el estudio, sus principales rivales eran Parthia –aproximadamente lo que hoy es Irán– y los bárbaros de Alemania, que apenas generaban un 2% y 1% de la producción mundial, respectivamente.
Peter Temin, economista emérito de la Universidad de Massachusetts y autor de The Roman Market Economy (La economía de mercado romana), opina que la economía del imperio romano en el siglo I era similar a la del siglo XVII y XVIII, justo antes de la gran revolución industrial.
“Desde luego que la industria y agricultura eran mucho más rudimentarias que lo que tenemos hoy, pero había una economía de mercado y una distribución del ingreso tan desigual como la actual en Estados Unidos”, indicó a BBC Mundo. Y, según los expertos, el imperio era “la columna vertebral de esa economía”.
El imperio sin fin
En “La Eneida”, Virgilio caracteriza a Roma como el imperium sine fine. Y es que, hasta donde daban los conocimientos de la época, el imperio abarcaba prácticamente el mundo entero: casi toda Europa Occidental, el norte de África, partes de Medio Oriente. Más allá, la barbarie o lo desconocido.
Si se suman tanto los miembros plenos como los estados tributarios, el cálculo del Deutsche Bank –en un estudio que no incluyó a China, India y América- es que el Imperio Romano representaba el 70% de la economía global. Este imperium sine fine tenía entre 50 y 100 millones de habitantes y una red de carreteras tan avanzada que se siguió usando hasta el siglo XIX.
“El sistema bancario era mucho más rudimentario que el actual, pero servía para financiar el consumo y la producción. Los préstamos tenían tasas de interés y usaban colaterales para garantizarlos como, por ejemplo, la propiedad de los viñedos”, señaló a BBC Mundo Peter Temin.
Roma la esplendorosa
Durante mucho tiempo los historiadores caracterizaron a Roma como una economía que giraba en torno a una agricultura de subsistencia, con ínfima innovación tecnológica y un desarrollo que, para muchos, era un virtual estancamiento.
Sin embargo, según Willem M. Jongman, de la Universidad de Groningen, Holanda, y autor de The Economy and Society of Pompey (La economía y sociedad de Pompeya), el imperio fue una de las cimas del crecimiento pre-industrial.
“El problema era que los ingeniosos cálculos que hacían los historiadores del PIB de Roma se basaban en muy pocos documentos. Era el equivalente a reconstruir el PIB de Estados Unidos con los recibos del precio de una hamburguesa en Kentucky en los años 30, de un coche en Virginia en los 60 y del salario de un electricista en San Luis en los 70”, señaló a BBC Mundo.
Con los avances de la investigación arqueológica, los historiadores pudieron superar este obstáculo al poder reconstruir la sociedad de una manera mucho más precisa a partir del análisis exhaustivo de la tierra, las ciudades, las ruinas, los utensilios y adornos.
“Esta nueva metodología nos ha permitido ver que el imperio romano tuvo un gran aumento poblacional y que experimentó un fuerte incremento del consumo y la producción. Desde ya que no era una economía como la moderna que crece a un 1,5% anual y tiene grandes avances
tecnológicos, pero sí una economía que se expandió y permitió un mejoramiento sostenido del nivel de vida”, indicó Jongman a BBC Mundo.
Los hallazgos de osamenta animal y de criaderos de pesca han permitido constatar un aumento del consumo de carne y el pescado en una población en continuo aumento. La existencia de viñedos y la comercialización del vino por buena parte del imperio es otra muestra de una importante industrialización agrícola.
“Roma era una ciudad de un millón de habitantes. Hasta el siglo XIX Londres no llegó a tener este volumen de gente. Como puede ver cualquier turista hoy en día, no se trataba de una ciudad de chozas construidas en medio del barro. El nivel de edificación era tan sofisticado que no sólo asombró al Renacimiento sino que nos sigue enmudeciendo hoy. En esta ciudad tan sofisticada las necesidades de sus consumidores eran atendidas por este continuo excedente de la producción agrícola o vitivinícola o ganadera”, indicó Jongman.
La pax romana
La mayor parte del comercio se hacía en el interior de este vasto imperio dividido en provincias, como se llamaba a los territorios conquistados que poseían un altísimo nivel de autonomía. Pero a Roma llegaba arroz importado de India y seda de China.
El imperio usó más hierro y metales que todas las sociedades previas. En España, Galia, Bretaña y las provincias del Danubio se abasteció de oro, plata, cobre, carbón y bronce usados en la construcción edilicia y en la fabricación de armas, llaves, sellos y carros de combate.
“Había una pax romana. Roma proveía una seguridad que ninguna sociedad pre-industrial podía tener respecto al pillaje y la piratería. A cambio los países pagaban tributo. La conquista era cruel, pero una vez pasada esta etapa, los romanos mostraron un gran talento para el gobierno.
"Si Roma se beneficiaba, lo cierto es que también había progreso en las regiones que incorporaba como se veía en el aumento de la población, consumo y producción de esos territorios”, señala Jongman.
Una de las tres regiones en que estaba dividida la Península Ibérica, la Hispania Baetica –actual Andalucía– se convirtió en una gran exportadora de aceite de oliva: su mayor cliente fue la misma Roma.
Las ánforas halladas en Monte Testacio, Roma, son uno de los “documentos arqueológicos” del volumen de esta exportación: contenían unos 580 mil metros cúbicos de aceite. El cálculo es que solamente esa zona del Monte Testacio en Roma importaba más de 7 millones de litros anuales.
“El otro gran poder de la época, China, era un estado replegado sobre sí mismo. Es la gran diferencia con Roma, que era una potencia en permanente expansión. Por eso, en la medida en que se puede, si hablamos de la economía mundial del siglo I, estamos hablando del Imperio Romano”, destacó a BBC Mundo Peter Temin.
Marcelo Justo, msn dinero 26/09/2014
Situémonos:
Unos 700 años después de la fundación de la ciudad, Roma todavía no era un imperio, los cartagineses ya habían sido borrados del mapa 146 años atrás, y ya era muy poderosa. El 14 de marzo del 44 a.C. asesinaron a César. Se suceden unos años de turbulencias (bueno, toda su historia fue turbulenta), hasta que Augusto, el 27 a.C. se proclama emperador.
Unos 6 siglos después, los restos del imperio más sorprendente de la Historia, se desvanecen, corría el 565 d.C. (esto en Oriente, pues el de Occidente sólo aguantó hasta el 476 d. C.).
Todo está sujeto a ciclos más o menos regulares, casi nada permanece constante. Y ahora mucho menos. Hay que estar preparado.
'Se veía venir...'
Yo me pregunto:
¿Por qué utiliza el término "socialismo"?
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